Cualquier persona, cualquiera de nosotros, un familiar, un amigo o un desconocido con quien nos encontramos circunstancialmente, puede perder el conocimiento, repentinamente, debido a una afección previa, conocida o desconocida, o por una enfermedad de instalación súbita que pone en peligro su vida. Cualquiera de nosotros puede verse en medio de una situación como esta, no deseada por cierto, pero que no podemos ignorar, que es abrumadora porque nos atrapa y nos exige una solución, porque nos demanda hacer algo por quien no se vale por sí mismo, en ese momento, y está expuesto a un peligro potencial que condiciona su supervivencia.
En momentos de crisis como esta, todos debemos ser solidarios y útiles, porque no estamos solos en el mundo y porque tenemos un compromiso con el prójimo. Además, si esto nos pasa a nosotros, seguramente esperaríamos del otro, el auxilio que necesitamos. Ser solidario es un compromiso con el prójimo y con la comunidad donde vivimos y de la cual dependemos y a la cual nos debemos. La solidaridad es un gesto que se transmite, se transfiere y que puede volver cuando lo necesitamos. Por eso es un comportamiento colectivo que debemos cultivar. No nacemos solidarios, nos hacemos solidarios, si amamos al prójimo como a nosotros mismos. Por eso, como una pérdida de conocimiento puede ser desde un simple desmayo, que sólo requiere de mínimos cuidados, hasta un Paro CardioRespiratorio que requiere de maniobras de Reanimación Básica hasta que pueda llegar el auxilio médico, todos debemos capacitarnos para saber qué hacer. También un accidente puede provocar la pérdida de conocimiento de la víctima y es necesario que todos sepamos qué hacer y qué no hacer. Y eso depende de nosotros, de nuestro compromiso y de nuestra actitud para con los demás. Y es mucho lo que podemos hacer en estas situaciones, y no es difícil aprenderlo. Está al alcance de cualquiera y sólo necesitamos de nuestras manos, nuestros ojos, nuestros oídos, en definitiva de nuestros sentidos, de una breve práctica y de aplicar el sentido común guiado por estos pocos conocimientos. Emprendamos esta tarea y alguna vez nos sentiremos bien por haber asistido a alguien que en ese momento necesitaba de nosotros o por lo menos, no nos sentiremos tan mal por no haber sabido cómo ayudar.
Estas situaciones se presentan súbitamente, son inesperadas pero previsibles y se debe actuar rápidamente. La desesperación o la voluntad de ayudar puede llevarnos a cometer imprudencias que pueden lesionar a la persona inconsciente o que pueden agravar lesiones ya existentes en la víctima de un accidente. Por eso, el miedo hace que muchos piensen que no hay que hacer nada, que sólo hay que esperar la llegada del auxilio especializado. Y cuando este puede llegar, ya es tarde para asistirlo con todos los adelantos de la ciencia y de la técnica.
Otras veces el impacto emocional ante el accidente, las heridas y la sangre que observamos y la idea de la muerte, nos paraliza y nos impide hacer lo que la víctima necesita para su supervivencia. Debemos superar esta forma de bloquearnos para constituirnos en el puente que le permita superar el trance que está pasando.
Para que ninguno de estos extremos ocurra, todos debemos conocer los pasos elementales en los Primeros Auxilios. Todos debemos conocer lo que llamamos medidas de Apoyo Vital Básico. Así además de ser útiles al prójimo en una situación de riesgo para su vida, tendremos la satisfacción de haber permitido que, a la llegada de un servicio de emergencia con personal especialmente entrenado, esa persona, ese futuro paciente o esa víctima se encuentren en las mejores condiciones posibles.
En momentos de crisis como esta, todos debemos ser solidarios y útiles, porque no estamos solos en el mundo y porque tenemos un compromiso con el prójimo. Además, si esto nos pasa a nosotros, seguramente esperaríamos del otro, el auxilio que necesitamos. Ser solidario es un compromiso con el prójimo y con la comunidad donde vivimos y de la cual dependemos y a la cual nos debemos. La solidaridad es un gesto que se transmite, se transfiere y que puede volver cuando lo necesitamos. Por eso es un comportamiento colectivo que debemos cultivar. No nacemos solidarios, nos hacemos solidarios, si amamos al prójimo como a nosotros mismos. Por eso, como una pérdida de conocimiento puede ser desde un simple desmayo, que sólo requiere de mínimos cuidados, hasta un Paro CardioRespiratorio que requiere de maniobras de Reanimación Básica hasta que pueda llegar el auxilio médico, todos debemos capacitarnos para saber qué hacer. También un accidente puede provocar la pérdida de conocimiento de la víctima y es necesario que todos sepamos qué hacer y qué no hacer. Y eso depende de nosotros, de nuestro compromiso y de nuestra actitud para con los demás. Y es mucho lo que podemos hacer en estas situaciones, y no es difícil aprenderlo. Está al alcance de cualquiera y sólo necesitamos de nuestras manos, nuestros ojos, nuestros oídos, en definitiva de nuestros sentidos, de una breve práctica y de aplicar el sentido común guiado por estos pocos conocimientos. Emprendamos esta tarea y alguna vez nos sentiremos bien por haber asistido a alguien que en ese momento necesitaba de nosotros o por lo menos, no nos sentiremos tan mal por no haber sabido cómo ayudar.
Estas situaciones se presentan súbitamente, son inesperadas pero previsibles y se debe actuar rápidamente. La desesperación o la voluntad de ayudar puede llevarnos a cometer imprudencias que pueden lesionar a la persona inconsciente o que pueden agravar lesiones ya existentes en la víctima de un accidente. Por eso, el miedo hace que muchos piensen que no hay que hacer nada, que sólo hay que esperar la llegada del auxilio especializado. Y cuando este puede llegar, ya es tarde para asistirlo con todos los adelantos de la ciencia y de la técnica.
Otras veces el impacto emocional ante el accidente, las heridas y la sangre que observamos y la idea de la muerte, nos paraliza y nos impide hacer lo que la víctima necesita para su supervivencia. Debemos superar esta forma de bloquearnos para constituirnos en el puente que le permita superar el trance que está pasando.
Para que ninguno de estos extremos ocurra, todos debemos conocer los pasos elementales en los Primeros Auxilios. Todos debemos conocer lo que llamamos medidas de Apoyo Vital Básico. Así además de ser útiles al prójimo en una situación de riesgo para su vida, tendremos la satisfacción de haber permitido que, a la llegada de un servicio de emergencia con personal especialmente entrenado, esa persona, ese futuro paciente o esa víctima se encuentren en las mejores condiciones posibles.
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